15 de març, 2014

CÓMO PONER LA MESA

Esta acción suelen realizarla los individuos más jóvenes de la unidad doméstica, aunque a veces es el mismo cocinero o su pareja quien lo hace.
Primeramente se tiene que elegir una mesa que tenga la función de principal. Es importante comprobar que el número de sillas de las que se dispone concuerda con el número de comensales.
Desplegamos el mantel en la superficie de la mesa, cuidando de que ni falte ni sobre mucho en ningún lado. Con un trapo húmedo se friega dando círculos rodeando la mesa, insistiendo en las manchas de comidas anteriores.
Entonces colocamos los platos, preferentemoente circularesy blancos, tantos como sillas haya. Posteriormente disponemos un tenedor en el lado izquierdo, un cuchillo en el lado derecho, una cucharita para postres en la parte superior y un vaso boca abajo cerca de la cucharita.
Dependiendo de la clase social, el número y el orden de los cubiertos y la servilleta, de papel o tela, puede variar. Si es una comida festiva o formal, se incluye al lado del vaso una copa de cristal.
Aproximadamente en el centro de la mesa colocamos un objeto que sirva para proteger el mantel. Si se desea, pueden repartirse platos o cestitas con pan cortado a lonchas y canapés u otros entrantes bien repartidos por la superficie.
Finalmente traemos las bebidas y llenamos los vasos y/o las copas antes de servir la comida.

LA RESILIENCIA

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para sobreponerse a las adversidades de la vida, ganando así fuerza y experiencia.
Las personas resilientes suelen tener una alta autoestima, confianza en ellas mismas, determinación y saben resolver problemas. También se dice que tienen cierto equilibrio mental, lo que les permite no perder el control. Estas personas suelen haber pasado por momentos difíciles, como la muerte de alguien cercano o la pérdida del trabajo. Son situaciones en las que la moral es sensible y es fácil tirar la toalla. Estas eventualidades provocan traumas, que pueden ser graves o leves.
Todos podemos tener esta facultad pero hay que trabajarla y desarrollarla, lo cual no se hace de un día para el otro; es un proceso.
El estudio de la resiliencia en la psicología empezó a tener presencia en los años setenta. Muchos autores han reflexionado sobre este tema y sus conclusiones son muy parecidas.
Alguien resiliente no es inmune al dolor emocional ni tiene la habilidad de evitar los momentos difíciles, sino que es capaz (cosa que todos somos) de sobreponerse y adaptarse a las nuevas circunstancias con el paso del tiempo.
Resiliente también lo es un metal que no se puede o cuesta torcer.

DIVORCIO DE PAPÁ Y MAMÁ

De esto hace seis años. Yo tenía unos nueve añitos. Estábamos en casa, en el salón. Mis padres estaban en el sofá y nosotras estábamos de pie delante de ellos. Había un hogar de piedra, que conjuntaba con las mesitas a ambos lados del viejo sofá. También había unos estantes llenos de libros, CDs y casetes. En un extraño mueble de madera había un anticuado ordenador. A un lado de la sala estaba la escalera para subir a las habitaciones y el baño. Papá empezó:
-Mamá se irá a vivir a otra casa.- Así de simple, así de duro.
Aunque era pequeña, no tardé en reflexionar y saber qué ocurría. A algunos compañeros de la escuela les había ocurrido algo así y sabía qué estaba sucediendo. Empecé a llorar. Lara, con su inocencia de parvulario, empezó a preguntar:
-¿Por qué te vas, mamá? ¿Adónde te vas? ¿Cuando te marcharás? ¡No te vayas!- Apenas le bajaron cuatro gotas por las mejillas.
-Necesito pensar, necesito ir a vivir a otro sitio. Me estaré unos días recogiendo cosas y luego me iré. Tranquilas, podréis venir a verme. Eh, no sufráis.
Lara se estuvo un rato preguntando y cuestionando el porqué de muchas cosas, algo típico de ella. Yo seguía llorando, no encontraba dónde agarrarme para no caer en aquel pozo. No recuerdo si papá dijo algo más, pero diría que no. Se quedó allí sentado, y dudo que estuviese mostrando todas sus emociones. Todo lo que pasó las siguientes semanas es un recuerdo borroso, quizá mi conciencia me hace un favor. Creo que íbamos a cenar en casa de mi madre los jueves, en Argelaguer. Mi tío Joan, el hermano de papá, se fue a vivir con ella. Al cabo de un tiempo, papá nos trasladó con Ana, su novia. Tenía dos hijos. Creo que fueron los dos peores años de mi vida. Luego quisimos volver a casa, pero estaba alquilada. Fuimos a una ex-escuela de baile de mis abuelos y empezamos a hacer vida allí. Mi madre tuvo un hijo guapísimo. Ahora vivo en Banyoles con mi padre, otra novia y mi hermana.