De esto hace seis años. Yo tenía unos nueve añitos. Estábamos en casa, en el salón. Mis padres estaban en el sofá y nosotras estábamos de pie delante de ellos. Había un hogar de piedra, que conjuntaba con las mesitas a ambos lados del viejo sofá. También había unos estantes llenos de libros, CDs y casetes. En un extraño mueble de madera había un anticuado ordenador. A un lado de la sala estaba la escalera para subir a las habitaciones y el baño. Papá empezó:
-Mamá se irá a vivir a otra casa.- Así de simple, así de duro.
Aunque era pequeña, no tardé en reflexionar y saber qué ocurría. A algunos compañeros de la escuela les había ocurrido algo así y sabía qué estaba sucediendo. Empecé a llorar. Lara, con su inocencia de parvulario, empezó a preguntar:
-¿Por qué te vas, mamá? ¿Adónde te vas? ¿Cuando te marcharás? ¡No te vayas!- Apenas le bajaron cuatro gotas por las mejillas.
-Necesito pensar, necesito ir a vivir a otro sitio. Me estaré unos días recogiendo cosas y luego me iré. Tranquilas, podréis venir a verme. Eh, no sufráis.
Lara se estuvo un rato preguntando y cuestionando el porqué de muchas cosas, algo típico de ella. Yo seguía llorando, no encontraba dónde agarrarme para no caer en aquel pozo. No recuerdo si papá dijo algo más, pero diría que no. Se quedó allí sentado, y dudo que estuviese mostrando todas sus emociones. Todo lo que pasó las siguientes semanas es un recuerdo borroso, quizá mi conciencia me hace un favor. Creo que íbamos a cenar en casa de mi madre los jueves, en Argelaguer. Mi tío Joan, el hermano de papá, se fue a vivir con ella. Al cabo de un tiempo, papá nos trasladó con Ana, su novia. Tenía dos hijos. Creo que fueron los dos peores años de mi vida. Luego quisimos volver a casa, pero estaba alquilada. Fuimos a una ex-escuela de baile de mis abuelos y empezamos a hacer vida allí. Mi madre tuvo un hijo guapísimo. Ahora vivo en Banyoles con mi padre, otra novia y mi hermana.
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